Historia

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Desde muy chico comprendí que mi vida tenía su senda elegida. Sin proponérmelo, fui acercándome a la música de diferentes maneras, a través de expresiones artísticas como la pintura, la escultura y las letras. No sé cuál de todas fue – o si fueron todas juntas – las que me llevaron por el camino de la música.

Cuando pude elegir, sorpresivamente, me alejé de las artes y fui por el camino de la técnica y la ciencia. Estudié electrotecnia en las Escuelas Técnicas Raggio y ahí también se despertó otra pasión: las matemáticas. Allí conocí grandes amigos, muchos de ellos vivían la música igual que yo, y empezamos a tocar instrumentos y a formar nuestras primeras bandas.

Fue también en la escuela técnica cuando encontré que tenía cierta habilidad con las manos, realizando trabajos técnicos, y que a mi cabeza, aun volcada a las artes, no le costaba comprender y asimilar este tipo de trabajos. Esto lo vi de manera bien concreta cuando empecé a trabajar con mi padre, Juan Diliberto, un gran ebanista y carpintero. Yo todavía cursaba la secundaria pero me las arreglaba para para ayudarlo y aprender.

Allí descubrí que tenía cierta facilidad para reparar y comprender los instrumentos, y así empecé reparando mis instrumentos y los de mis compañeros. Muchos años después comprendí que allí había empezado a abrazar mi profesión y pasión. Como siempre, los puntos solo pueden unirse hacia atrás.

Tiempo después, cuando mi amigo Gabriel Biasin me impulsó a estudiar y concentrarme en el arte de la lutheria, encontré que todo mi camino transitado hasta ese momento, mi relación con el arte, la música y la ciencia, me había servido para dedicarme a un oficio que combina como ninguno ARTE y CIENCIA. Este camino se unió en la luthería hace muchos años para no despegarse ya nunca más.

Somos vibración, seres integrales de mente y cuerpo, de arte y ciencia. La imagen de mi espíritu del camino de mi vida está representada en un instrumento musical.

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